lunes, 3 de febrero de 2014

Precios y el regreso de las pistolas naranjas

La aceleración de la inflación en Argentina revuelve algunos de mis recuerdos que creía ya casi borrados. 


Desde chico me gustaba acompañar a mi madre a realizar compras. Vivía a pocas cuadras del primer hipermercado de Rosario. Allí, en los años ’80, supe lo que era la hiperinflación. Era una época donde no existían escáneres para leer códigos de barras y así facturar en forma más rápida y eficiente. Entonces todos los artículos tenían una etiqueta de precios que era colocada por una mágica “pistola naranja”. A ritmo frenético los empleados “disparaban” etiquetas sobre cientos de artículos para reflejar los nuevos precios. Esta era una postal muy frecuente en años de hiperinflación.



En aquellos momentos nos considerábamos muy afortunados si podíamos poner un producto en el changuito (carro de compras) antes que pasara el “asesino” de los precios, o bien encontrar algún artículo perdido que hubiera podido escapar a las “balas etiquetadas”.


El sábado 20 de enero, el día posterior a la disparada del dólar y cerca de 30 años después de aquellos sucesos, entré al supermercado con mi familia y experimenté una sensación similar. Buscar ansiosamente qué artículos aún no habían sido remarcados, y predecir que aquellos que aparentemente no habían cambiado su precio, en poco tiempo lo harían. Pocos días después, al hacer compras en un comercio de telas y cortinas, tuve que escuchar casi en tono de confesión, y con una gran carga de culpa, cómo el vendedor admitía que todos los precios habían aumentado un 25% a partir del sábado (y aún así había gran movimiento de clientes).

¿Cómo borrar los recuerdos de la hiperinflación en los consumidores o la gimnasia de las empresas en la remarcación de precios?

¿Son los consumidores seres compulsivos y masoquistas que atacan vorazmente las góndolas, a pesar de los aumentos? ¿Son las empresas viles especuladoras que reaccionan desmedidamente ante cualquier situación?  

O acaso deberíamos preguntarnos, cuáles son los estímulos que reciben consumidores y empresas para comportarse de la manera que lo hacen. ¿Qué señales claras existen que permitan planificar el consumo ordenadamente? ¿Cuál es la probable evolución de los costos de las empresas? Lo anterior se relaciona con la incertidumbre sobre el comportamiento futuro de variables clave para el consumo y la actividad empresaria como: el tipo de cambio, las tasas de interés o los índices de inflación en general.

Ninguna empresa se animaría a aumentar 25% los precios de un día para otro, sin antes rezar al menos cinco rosarios, en un escenario económico sin turbulencias. No habría consumidores dispuestos a comprar como para almacenar antes de una guerra o un tsunami, si no hubieran sufrido el azote de la inflación demasiadas veces a lo largo de su  vida.

Entonces, por qué el gobierno opta por amenazar con sanciones a las empresas  y pretende que los consumidores se transformen en auditores de precios, en lugar de plantearse cuáles son las condiciones y los antecedentes que generan estas conductas. Atacar las consecuencias en lugar de las causas solo prolonga la incertidumbre que transita la economía argentina.

Las pistolas naranjas no van a regresar, aunque su principal secuela, la memoria inflacionaria, sigue viva. 

Ariel Baños - Economista fundador de FIJACIONDEPRECIOS.COM
ariel_banos@fijaciondeprecios.com

Contenidos actualizados en www.fijaciondeprecios.com